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viernes, 24 de septiembre de 2010

El Idioma de Cristóbal Colón

Una de las bases que sustentan la teoría de que Colón era gallego consiste en el idioma empleado en sus escritos efectuados en castellano plagados de giros en gallego.

Cristóbal Colón era natural de la península ibérica, porque todos sus papeles personales, cartas, libros, memorandus, cuadernos de navegación e instrucciones están escritas en el Castellano de la época, es más, en muchísimos casos emplea términos y palabras galaico portuguesas. Solo hay una salvedad con respecto a lo dicho, también escribía en latín, como se puede comprobar en las anotaciones marginales en sus libros de estudio.

No se conoce escrito alguno, de manos del Almirante, en el que emplee otra lengua incluida la italiana.

Aquí acompaño tres cuestiones a modo de reflexión de García de la Riega:

Quien se encuentre expatriado, aunque lleve residiendo largo tiempo en el extranjero, al dirigirse a las autoridades de su tierra natal, ¿No lo haría en el idioma patrio?

¿Es que Colón no hubiera sentido por la lengua italiana, si esta hubiese sido la suya, el instintivo afecto que todos los hombres de todas las épocas y de todos los países, dedicamos al idioma nativo?

¿Quién llega a olvidar hasta ese grado el lenguaje que aprendió en el regazo materno? Habrá sido el desdén o la indiferencia, o, es que, en efecto, ese idioma no era el suyo.

Inadvertidamente C. Colón en sus escritos nos da muestras de un dominio del castellano impropio de un extranjero, que por muchos años que permanezca en este reino, difícilmente llegaría a adquirir un dominio de la redacción y sintaxis digna solo de una persona que ha recibido una educación, en lengua vernácula, verdaderamente sólida.

En un escrito destinado a los RR.CC. Colón emplea la expresión “nuestro romance” en referencia a la lengua castellana (termino que se utilizaba para referirse al idioma castellano por entonces)

Antonio Gómez Restrepo, prestigioso orador de principios del S:XX, defendía que el castellano fue el idioma que usó Colón “ aún en aquellos escritos de tal manera íntimos y personales que solo se redactan en la lengua que se ha aprendido a hablar desde la cuna”.

En castellano consignó los incidentes de sus portentosos viajes, en forma de diario; en castellano están sus cartas; en castellano fue escrito el libro de las profecías.

En fin que tal dominio del idioma castellano por parte de un ciudadano extranjero es necesariamente sospechoso.

Enrique Zas, en principio contrario a la tesis rieguista de que fuese de origen gallego, reconsideró su postura al comprobar el importante número de palabras gallegas que aparecían en el diario del Almirante, “toniñas, garjao, pardelas, matose, escaramojos, pardetas, forcado, a la corda,….” Y seguimos: despois, saliron, foy, alá, alí, boy, cativo, custo, deter, diseron, diso, deste, emprestó, entende, estes, eses, euxerir, facer, faz, forno, forza, galea, leba, moa, onde, peligros, poren, posto que, seades, sede, trauto, ventar, vento, vian y un largo etc.

Pues bien, no queda ahí la cosa, en la tesis de “García de la Riega”, publicada en 1914, hace referencia al empleo de términos exclusivamente gallegos, no solo en los textos escritos por el Almirante, emplea palabras que tienen un significado muy concreto en el Gallego, es que en otros idiomas esas mismas palabras se escriben de forma muy distinta.

Cuando no encontraba el término adecuado en castellano, para completar u hacer una frase, empleaba uno gallego, señal inequívoca de ascendencia que solo se da cuando alguien ha vivido desde su mas intima infancia bajo el dominio de un idioma concreto.

Bautizó Colón unas islas con el nombre de Guardas e islas Testigos, éstos términos, guardas y testigos, se empleaban, y hoy día también, para nombrar a las piedras o mojones que marcan las lindes de las propiedades agrícolas y/o boscosas.

Las palabras puramente gallegas que Colón espontáneamente empleaba en sus escritos, bien claramente demuestran que, si el estilo es el hombre, el lenguaje es el pueblo, estilo y lenguaje en que se refleja el vínculo que le tenía unido a Galicia.

Una cosa más, Fernando Colón, hijo del Almirante, en la biografía narra el siguiente hecho: “Juro que jamás le ví echar otro juramento que “¡Por San Fernando!”, y cuando se hallaba más irritado con alguno era una represión decirle “¡Os doy a Dios!”, porque hicisteis esto u lo otro.

¡Por San Fernando¡, probablemente la más española de todas las interjecciones.

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