No solo Modelismo Naval. La Historia tambien cuenta

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miércoles, 11 de enero de 2012

Las gentes de la Santa María

Los que renunciaron a todo…, 

sin esperar nada.


Con este título, inicia J. M. Martínez Hidalgo el último capítulo de su libro “A bordo de la Santa Maria”,  publicado en 1961, siendo él Director del MMB, y  editado por la Diputación de Barcelona.
Aparte de citar a todos y cada uno de los tripulantes de aquella nave (Nao), comienza su episodio haciendo mención a gentes que se apuntaron voluntariamente, empezando por los de superior rango, hermanos Pinzones, Juan de la Cosa, los Quintero y la familia Niño, Pedro S. de Segovia y  otros muchos, gentes acomodadas sin necesidad de aventurarse en una empresa un tanto misteriosa, confirmando justamente el espíritu de la misma y quienes la alentaron.

Pero pocas veces se alzan justicieras en el cumplido elogio de unos hombres oscuros  y que, no obstante, tuvieron importancia en el feliz término de la gesta. Apenas nadie se acuerda de aquellos que se alistaron en las naves de simples marineros, grumetes o pajes, sin esperanza de alcanzar la notoriedad precisa para el registro de su nombre en los anales de la Historia”
“¿Quiénes fueron los que, con el esfuerzo de sus músculos, la mortificación de sus cuerpos, y la sana obediencia de sus almas, hicieron posible que la razón mas o menos iluminada del iniciador y director llevara a cabo, si no el propio fin que supuso, otro de resultados aún superiores?”
“Antes al contrario, la descocada leyenda negra comenzó cebándose en ellos, y sin el respeto y el pudor de la veracidad, los viene apostrofando de criminales, presidiarios, ignorantes y otros dicterios por el estilo.”

Aunque el capitulo es algo mas extenso, estos tres párrafos definen perfectamente una situación que es constante en la Historia, atacar una magna empresa, de un descubrimiento que marcó una época, por el eslabón más débil de la cadena, que eran las gentes mas humildes de aquella aventura.
Efectivamente había criminales y presidiarios de toda índole, pero no toda la tripulación estaba en estas condiciones, la redención de penas por enrolarse para navegar era algo muy frecuente en aquel tiempo, en otros tiempos posteriores, y en todos los reinos conocidos, luego no deja de ser un argumento empleado de forma impropia para aquella situación.
Las situaciones históricas hay que medirlas en su contexto real de tiempo y circunstancias, el empleo de argumentos, que hoy en dia no están permitidos, es inadecuada a la época,  los principios que rigen la sociedad actual no son válidos para enjuiciar lo que ocurrió hace mas de 500 años, es  inadecuado por que los parámetros sociales son distintos, y por tanto distintas las situaciones, hay que utilizar los valores de entonces y con arreglo a los dictados vigentes.

Aún así el número de reclusos en la flota descubridora fue muy pequeño en comparación a otras empresas, y tiempos posteriores, las galeras llegaban a tener hasta 300 condenados remando en condiciones de esclavitud, algo muy diferente de lo que pasó en el viaje de Colón, los pocos reos que allí estuvieron trabajaban en igualdad de condiciones que los tripulantes, digamos, reclutados libremente.
Si hasta Cristóbal Quintero, propietario de la Pinta, se enroló de simple marinero, los hermanos Medel, tio y sobrino en los Gil Pérez, padre e hijo Pedro Arráez.
 Al juzgar se debe hacer con arreglo a la época, inundada de supersticiones, hechicerías, patrañas y leyendas que ya se han olvidado de puro repetidas por falsas. En estas condiciones sociales en las que abunda la superstición, las leyendas oscuras, la rigidez eclesiástica, y un sentido de la justicia basado en el castigo sobre la reparación, insultar a las personas, que es lo que eran, que navegaron a lo desconocido con un capitán que era un iluminado, Colón no era un líder, era un buen navegante, mal capitán y peor conquistador, empeñando la vida en ello merece cuando menos un reconocimiento histórico similar al del propio Colón, algunos de ellos dejaron la vida en ello, y ese reconocimiento se debe de valorar  muy alto, por justo y equitativo de lo que fue aquel hecho histórico que marcó el fin de la Edad Media, y el inicio de la creación de un Imperio que duró  400 años.

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